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25.º Domingo del Tiempo Ordinario

by Rev. Benny Kottarathil Antoney, OSB  |  09/20/2026  |  From the Clergy

«Cristo será glorificado en mi cuerpo, ya sea por la vida o por la muerte. Porque para mí, la vida es Cristo y la muerte es ganancia», escribe Pablo a los cristianos de Filipos. Para comprender la profundidad de estas palabras, debemos verlas en su contexto. Pablo estaba en prisión a la espera de juicio. Se le presentaban dos posibilidades: podía ser puesto en libertad o podía ser ejecutado. Así pues, Pablo dice: «Suceda lo que suceda, ya viva o muera, lo importante es que Cristo sea honrado en mi cuerpo». Y la razón que aduce es que, para él, vivir es Cristo y morir es ganancia.

La Carta a Diogneto es un tratado escrito hacia el año 200 d.C. por un autor desconocido. El escrito surgió como defensa del cristianismo en tiempos de persecución. La obra describía a los cristianos en estos términos: «Residen en sus respectivos países, pero solo como extranjeros. Participan en todo como ciudadanos y soportan todo como forasteros. Toda tierra extranjera es su patria, y toda patria, tierra extranjera. Viven en la carne, pero no según la carne» (*Carta a Diogneto 5:5-8, en Ancient Christian Writers. The Works of the Fathers in Translation, 139).

Los apóstoles vivieron y murieron de esa manera. Según la tradición de la Iglesia, Mateo fue muerto a espada; Marcos fue arrastrado por las calles hasta morir; Lucas fue colgado de un olivo; Santiago el Mayor fue decapitado; Santiago el Menor fue arrojado desde lo alto del Templo de Jerusalén y luego golpeado hasta la muerte con un garrote; Felipe fue ahorcado; Andrés fue atado a la cruz, desde donde predicó hasta morir; Tomás fue atravesado por una lanza; Judas murió acribillado a flechazos; Simón el Zelote fue crucificado; Bartolomé fue desollado vivo y decapitado; Matías fue primero apedreado y luego decapitado; Pedro fue crucificado cabeza abajo; Pablo fue decapitado; Esteban murió apedreado…

Hoy se nos recuerda nuestra vocación común de dar testimonio de Cristo, tal como lo hicieron los apóstoles y los santos. Debemos vivir en la carne, pero no según la carne. Así, glorificamos a Dios con nuestras vidas, porque para nosotros la vida es Cristo y la muerte es ganancia.

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