
Segundo Domingo de Cuaresma
by OCP | 03/01/2026 | From the Clergy¿Qué significa realmente la palabra "transfiguración"? El diccionario la define como "un cambio notable en la apariencia, el carácter o las circunstancias". Pero, ¿alguna vez has utilizado esa palabra en una conversación cotidiana? Si dijeras que tu amigo o tu cónyuge se "transfiguró" al salir de la peluquería, ¿sonaría como un cumplido o simplemente resultaría confuso? En el uso común, "transfiguración" es una palabra que casi nunca utilizamos. De hecho, solemos aplicarla solo a una persona: Jesucristo.
El segundo domingo de Cuaresma se centra en la transfiguración de Jesús, cuando la naturaleza humana se encuentra con Dios, cuando lo temporal se encuentra con lo eterno. Para los discípulos, esta experiencia fortaleció su fe y los preparó para el sufrimiento y la muerte que su Maestro pronto soportaría. Para nosotros, sirve como un atisbo de la gloria de la resurrección que nos espera al final del viaje de nuestra propia vida. Veamos brevemente las lecturas de hoy.
En la primera lectura del Génesis, Dios le dice a Abram: "Sal de la tierra de tus parientes y de la casa de tu padre, y ve a la tierra que te mostraré... Todas las comunidades de la tierra encontrarán bendición en ti".
Dios llama a Abram a salir de lo que le es familiar y cómodo y a adentrarse en un futuro desconocido, prometiéndole bendición y grandeza. La fe comienza con la confianza.
En la Segunda Carta a Timoteo, escuchamos: Él nos salvó y nos llamó a una vida santa... por medio de Cristo Jesús, quien destruyó la muerte y trajo a la luz la vida y la inmortalidad por medio del evangelio. Dios nos llama no por nuestros méritos, sino por su gracia, y con la promesa de la vida más allá de la muerte.
Finalmente, en el Evangelio de Mateo, Jesús lleva a Pedro, Santiago y Juan a la montaña. Allí se encuentran con Moisés y Elías, y Dios les dice: "Este es mi Hijo amado, en quien tengo mis complacencias; escuchadle".
Abrumados, los discípulos caen al suelo llenos de miedo. Pero Jesús los toca y les dice: "Levantaos, no temáis". La Cuaresma es nuestra invitación a subir a la montaña para enfrentarnos a los retos, los miedos y el examen de conciencia, y para descubrir quién es realmente Jesús.
Puede que nos sintamos indignos o temerosos en presencia de Dios, pero Jesús nos encuentra en nuestra humanidad, nos toca y nos invita a levantarnos. En esta Cuaresma, dejemos que Cristo nos transforme. ¿Cómo? Dios nos da la respuesta en tres sencillas palabras: "Escuchadle".
OCP
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